Este mes del Orgullo tomamos las calles una vez más, porque son nuestras y nadie va a quitárnoslas.

Hemos conquistado derechos. Hemos ampliado el significado de la libertad, la familia, los cuidados, el amor, el deseo o el placer. Hemos ensanchado las posibilidades de ser y, por tanto, de vivir.
Pero también hemos aprendido que no podemos dar nada por definitivo. Que tenemos que defenderlo cada día.
Y más en los últimos tiempos en los que sufrimos los ataques de una reacción lgtbifóbica y antiderechos alentada por la ultraderecha y la derecha.
Por eso, necesitamos seguir construyendo rebeldías, disidencias y libertades. Necesitamos defender los derechos obtenidos, pero también imaginar más horizontes.
Hay quienes quieren dividirnos, quienes intenten instrumentalizar los derechos de las personas LGBTIQA+ para justificar discursos racistas o antiinmigración.
Son los mismos que alientan discursos de odio que se traducen en un aumento de las agresiones lgtbifóbicas.
El ejemplo más descarado y terrorífico de esta instrumentalización es el pinkwashing que practica Israel y las banderas arcoíris de sus soldados en medio de los escombros de Gaza.
Por eso, no olvidamos que nuestra lucha LGTBIQA+ es siempre interseccional y antirracista.
Que nuestro orgullo es diverso, combativo y antifacista.
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