Este 8M volveremos a salir a las calles a reivindicar la potencia de los feminismos, a gritar que somos presente y futuro, que imaginamos, proponemos y creamos otros mundos que rebosan igualdad, libertad, deseos y alegría. Saldremos a reivindicar una convicción colectiva: tejer feminismos es urdir una red para frenar y derrotar al fascismo.
Una malla antifascista que no solo pretende resistir, sino que viene a cambiarlo todo. Porque esa ha sido siempre la tarea de los feminismos: transformar la sociedad e imaginar otro futuro.
Por eso, no solo queremos parar a quienes niegan las violencias machistas y recortan o eliminan recursos para las víctimas, sino que aspiramos a una sociedad comprometida con una cultura de la igualdad, la libertad y la autonomía, la diversidad, las relaciones de buenos tratos, la solidaridad y el respeto, y a un Estado y unas instituciones que prevengan, acompañen y reparen.
Tampoco nos conformamos con no retroceder en derechos como el aborto, sino que proponemos ir un paso más allá e incluirlo en la Constitución como garantía del respeto a nuestra autonomía corporal.
Una autonomía que no se queda solo ahí, sino que abarca muchos más aspectos de nuestras vidas: nuestras sexualidades, nuestros deseos y la posibilidad de explorarlos –de ahí que exijamos una educación sexual que ponga el foco en el placer y no en el peligro–; la diversidad sexual, la libre autodeterminación de género y la posibilidad de romper los corsés binarios que nos restriñen a roles patriarcales y sexistas; o la elección acerca de cómo vestirnos. Porque, nadie, ningún Estado, tiene derecho a cubrirnos ni a descubrirnos, a limitar la libertad de las mujeres.
Y, por supuesto, parar al fascismo con feminismos es trabajar para tener condiciones dignas de vida para todas: derecho a la vivienda –prórroga de alquileres e intervención del mercado para prohibir la especulación–, derecho a cuidar y ser cuidadas –con la aprobación de la ley de dependencia–, sanidad y educación públicas de calidad –cerrar las puertas y revertir la privatización y los recortes–, más tiempo de vida y menos tiempo de trabajo –reducción de la jornada–, salarios dignos y eliminación de la brecha de género –subida del SMI y las pensiones– o creación de empleo –con una reducción del paro femenino y de la temporalidad a mínimos históricos, aunque por supuesto queda por hacer–.
Es sostener las luchas antirracistas y por el derecho a migrar. Es decir alto y claro no a las jerarquías racistas y coloniales que otorgan privilegios mientras excluyen, encarcelan y deportan. En los Estados Unidos de Trump, pero también en la UE que aprueba directivas de expulsión e internamiento y ha convertido sus fronteras en cementerios.
Es además defender el derecho internacional y el derecho humanitario, es exigir paz y justicia para Palestina. Es construir un internacionalismo de la esperanza y la solidaridad con los pueblos frente a los autoritarismos.
Tejer feminismos y acabar con el fascismo es ser capaces de poner en el centro un proyecto emancipador, no identitario ni esencialista, en el que tienen cabida todas aquellas personas que aspiran a una transformación social y material, también los hombres.
Es asumir la democracia y el debate como método. Es saber que la pluralidad y el disenso son parte de nuestra fuerza, que las discusiones son legítimas y necesarias. Pero eso sí, existe una línea roja: ningún feminismo puede construirse negando agencia y derechos. Los feminismos que entretejemos no tutelan: acompañan, escuchan y construyen en común.
En este hilar juntas, la responsabilidad de quienes nos reclamamos como feministas e integramos formaciones políticas es asimismo ser capaces de construir un frente lo más amplio posible para que la derecha y la ultraderecha no puedan destruir desde las instituciones todo lo que hemos construido. Pero, sobre todo, para vencer, para que podamos seguir avanzando.
Ahí vamos a estar. Porque cuando nos enredamos juntas, no solo resistimos: ganamos el presente y el futuro.
Tejamos feminismos, acabemos con el fascismo
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Movimiento Sumar acudirá a aquellas manifestaciones que estén en sintonía con nuestro feminismo. Un criterio sencillo en este sentido es acudir a aquellas manifestaciones que se definan como transinclusivas o transfeministas, a aquellas manifestaciones que den cabida a todas.
